lunes, 3 de mayo de 2010

CIUDAD FANTASMA


AUTOR: MIQUEL FARRIOL
LECTURA: JULIÁN GIJÓN

Las gárgolas son seres longevos, por eso mismo su percepción del tiempo es distinta a la de los humanos, así que en su regreso a la ciudad, no era consciente de los años que habían transcurrido desde su partida.

A finales del año 2020, diez años humanos le separaban del día en que abandonó el quiosco (para alivio de su propietario), y hoy volvía para prevenirle de lo que había visto ocurrir en otras poblaciones cercanas.
Pronto se dio cuenta de que llegaba tarde y de como su condición de gárgola le jugaba una mala pasada.

Esperaba reconocer aquellas calles, encontrarse con rostros que se horrorizaran al cruzarse con ella, chiquillos estridentes que correteaban por las plazas y adolescentes que paseaban por ramblas y avenidas pavoneándose de su frescura. Pero nada de eso pasó. Las calles, convertidas en pasillos vacíos, solo enseñaban portales cerrados, persianas bajadas y lunas de escaparates sin luz.

Los vehículos circulaban igual que cajas herméticas que impedían a sus ocupantes relacionarse con nadie y su única razón consistía en avanzar, sin posibilidad de detenerse. Entre otras razones, porque nada se podía hacer en aquellos corredores sin vida.

Solo algún anciano se aventuraba por los senderos de hormigón y su mirada se posaba perpleja en los rótulos de los comercios donde solía hacer sus compras y que ya hacía meses dejaron de iluminar las aceras.

Se lo tomó con calma, como corresponde a un corazón de granito y siguió caminando hacia donde recordaba estaba asentado el local de su viejo amigo, pero el camino se le hacía largo y aburrido ya que a parte del vacío, nada llamaba su atención.

Aquella desolación era siniestra, haciendo palpable lo tremendamente vacías que están las ciudades cuando no hay gente en sus calles.

Y de repente, en aquel cruce apareció el librero, con las manos en los bolsillos y aspecto distraído.
Como siempre aguanto la mirada de la gárgola sin la mínima expresión de sorpresa, igual que cuando se saludaban cada madrugada, una década atrás.

- Allí estaba mi negocio – Dijo, mientras su mirada se perdía en algún punto de la calle.
 Lo recuerdo- Contestó la gárgola. En su pecho un sentimiento de culpa hizo sus palabras aun más roncas, sabedor de que era demasiado tarde- ¿Dónde están todos? - Preguntó dolido.
 Fuera, gárgola, están fuera.
 Pero, ¿Que fue lo que paso? ¿Por que ha cambiado tanto la ciudad?


El quiosquero, apesadumbrado avanzó hasta darle la espalda y mientras se alejaba, murmuraba.

 Se tomaron malas decisiones en un momento crítico y el cántaro de leche se hizo añicos en nuestras manos.

Esperó a que su figura se empequeñeciera calle abajo para después batir sus alas con furia y levantando el vuelo, tomó altura con rapidez, hasta elevarse a una distancia con suficiente perspectiva del terreno que le hiciera reconocer el contorno de aquella ciudad, y lo que vio le dio la clave de aquel fantasmagórico misterio.

La ciudad había crecido, y algunas zonas sobresalían con perfección geométrica de los límites que recordaba. Eran extensiones que de forma forzada se anexionaban a barrios periféricos.
En esos cuadrados, exágonos y lenguas de territorio, hace diez años, no se asentaban viviendas, ni servicios, ni comercio de proximidad y hoy, la gárgola, podía posarse en el tejado plano de varios edificios gigantescos donde se concentraba la vida y el ocio de los ciudadanos.

La gárgola se preguntaba

 ¿Si un ciudadano es el que habita en una ciudad? ¿ Por que sale de ella para poder sentirse ciudadano? ¿Que le impulsó a cubrir sus necesidades fuera de los límites del lugar en donde vive? ¿Fueron algunas malas decisiones las que hicieron de aquel lugar, una ciudad fantasma?.

(…..)


Los monstruos también tienen pesadillas, y la gárgola despertó de aquel largo sueño con mal sabor de boca sin poder alejar de su mente las escenas transcurridas mientras dormía.

Su viaje al futuro solo había sido fruto de su imaginación, o ¿tal vez no?

Lo que si era seguro era que aún no habían pasado diez años, y que aún estaban en el 2010.

Salud y ventas.