lunes, 22 de febrero de 2010

TENGO UN PLAN



TEXTO: Miquel Farriol
LECTURA: Julián Gijón

Mi colega, el tipo del quiosco, se iba a poner como una furia cuando viera que faltaban varias piezas en el teclado de su ordenador y que tendría que proveerse de un nuevo "ratón" algo más resistente.

-¡Juro que intenté ser delicado!, pero estas máquinas no están hechas para durar.

Me conecte a Internet, buscando información sobre algunas personas que sabía estarían presentes en la reunión en la que representaría al librero y con las que me convenía conversar, y si eso no era posible, intentaría acercarme, saludarlos y brindarles una de mis mejores sonrisas.

Lo tenía todo calculado y bien pautado, pero convenía dar un repaso a cada uno de los diez pasos de mi plan maestro en busca de oportunidades.

Es sabido que el posicionamiento social muchas veces viene dado por la gente a quien conoces, cuanto más relevante, más cerca estas de ser participe de primicias políticas, sociales y de negocios, ampliando tus conocimientos y tu bagaje para tomar decisiones y ser eficaz frente a nuevas vicisitudes.

Ser el más informado seguro que me da ventaja.

La conferencia, a la que asistiré en pocos días, trata sobre el nuevo modelo de comercio que se aplicará en este nuevo año y donde de manera implícita se liberaliza la globalización de las grandes marcas y la implantación de superficies comerciales de miles de metros cuadrados y que hasta ahora, en Catalunya, regulaban los propios ayuntamientos otorgando licencias y terrenos según criterios locales. A partir de enero la cosa cambia y puede romper con el modelo tradicional de comercio de proximidad que conocemos.

Como veis, la reunión es importante, y en ella estarán algunos de los máximos responsables que deben tomar decisiones en los próximos días.

Mi primer objetivo consiste en indagar sobre esas personas que me interesan y averiguar el nombre y apellido de algunas de ellas, así como su profesión y su importancia dentro del engranaje. Memoricé una reverencia para cada uno de ellos y establecí una secuencia para el acercamiento. Siempre es de gran ayuda conocer a alguien del círculo al que utilizar como puente y pedirle que te acompañe a saludar a otros. Y yo ya era perro viejo.

En mi nuevo rol de gárgola salvadora, tenia que diseñar una buena presentación verbal, algo corto y específico, de no más de 20 segundos en los que se entendieran mis necesidades y lo que ofrecía.

Aquel era el segundo paso a fijar en la estrategia.

Después del saludo previo, modulare mi voz para que no resulte tan oscura y me presentaré:

-GÁRGOLA IMPASIBLE, responsable de expansión, encantado de conocerle, ¿Puedo hacerle una pregunta?-

El tercero de los puntos va ligado al anterior ya que se ejecuta al mismo tiempo.

Extenderé amigablemente mi garra, mirando a los ojos del invitado, con la mejor sonrisa ensayada durante horas en el almacén y que disimulaba mi prominente mandíbula haciéndome parecer interesado y agradecido de ser atendido.

Para aquella cita estaba decidido a llegar de los primeros, eso me daba la ventaja de actuar como anfitrión y no como un invitado que se tiene que acomodar lejos de los mejores sitios. Ganarte tu espacio desde los primeros instantes es primordial y ser el que recibe al resto de asistentes siempre da lugar a presentaciones y pequeños vínculos que conviene cuidar.

Una sala llena de desconocidos puede intimidar pero lo mejor es obligarte a circular he intentar reconfortarte acercándote a los grupos que veas más accesibles, seguro que en la reunión hay más gente en tu misma situación que agradecerán que te intereses.

Fin del cuarto punto.

El quinto apunte de este manual puede parecer banal, pero puede ser el más complicado.

 ¿De que hablaré con una persona a la que no conozco?

Si es posible evitaré los tópicos, pero sin forzar los temas, recuerdo que, en las presentaciones, es importante memorizar el nombre de quien estrechas la mano, el color de sus ojos, su profesión y sus expectativas y que estáis allí por un motivo común. Si muestro interés por saber más sobre las actividades o puntos de vista del extraño, deja de serlo.

Tengo poco tiempo para despertar interés. Temas como el tiempo, la crisis y las fiestas tienen poco recorrido y no conducen a ningún sitio. Intentaré ser más directo, pero sin ser agresivo.

Tantas vigilias en la cornisa, sin compañía, me sirven de entrenamiento para mantener la boca cerrada, y ser un excelente confesor, que escucha, empatíza y resuelve.

En esta fase, la sexta de la lista, subrayo el hecho de que a la gente le gusta ser escuchada y les reconforta poder explicarse y dar su opinión sobre lo que les preocupa. Por esa razón en este sexto punto estoy dispuesto a ser el más servil de los oyentes, dejando que sean los otros los que me aporten nuevas inquietudes. Yo por mi parte, realizaré mi propia lista de afinidades para cada uno de los nuevos conocidos.

Como en la quinta parte, el séptimo paso supone un nuevo esfuerzo. A aquellas alturas del evento ya debo de estar en situación de alejarme de las personas que más conozco.

En los días anteriores había visitado a mi peluquero preferido para que me rasurara las cerdas de la espalda, había pulido mis colmillos y bronceado mi acartonada piel para disimular el tono cetrino que te proporciona la luz lunar, y pienso que mi aspecto impecable, las muecas reconfortantes que el quiosquero me ayuda a perfeccionar y mi buena disposición para resultar empático serán suficientes armas para no despertar el rechazo habitual y con sutileza infiltrarme en los grupos claves, que fácilmente reconoceré por estar rodeados de el resto de gárgolas convocadas.

Ya he recogido las tarjetas impresas que pienso repartir entre los invitados, y aunque parezca pedante distribuiré cuantas me sean posible, sin escatimar. Con ello me aseguro que el octavo punto llega a buen término. Durante los días posteriores al encuentro muchos de los invitados seguirían recordándome, no solo por mis pupilas amarillentas o por que devoré los canapés con avidez ya que una simple cartulina con un logotipo a cuatro tintas me mantendría presente y tal vez, si se da el caso, decidieran llamarme. Del mismo modo, yo recogeré y animaré al resto para que me den sus propias tarjetas de presentación.

El noveno momento para aquella velada y después de haber hecho una buena prospección entre los invitados consistirá en "conectar" a distintas personas realizando presentaciones y acompañando a los interesados por la sala hasta otros grupos. Si acierto y hago una buena selección seguro que se sentirán agradecidos y por eso mismo me tendrán en cuenta en sus planes. La conexión entre redes sociales, el "Networking", siempre es una vía de dos caminos.

Y por fin, el décimo apunte de este decálogo. Si todo va bien, al acabar la noche, mi agenda de contactos estará bien nutrida y si afino la puntería, y estrecho las manos adecuadas, tendré en cartera algún compromiso que compensará todo aquella danza de muecas sutiles. Ahora ya solo me quedará cuidar esos contactos. Seguir nutriendo con aportaciones a la red, cumpliendo compromisos adquiridos, recordando fechas importantes y obligándome a hacer un seguimiento lo más amplio posible del resto de integrantes del grupo, para que ellos me tengan siempre presente, siempre a su lado.

Del uno al diez, un plan perfecto. Si no me salto ninguno de los pasos, en breve ganare un espacio en los círculos que me interesan. Tampoco es tan difícil, solo es parte de mi trabajo.