domingo, 14 de noviembre de 2010

GRIAL




Las campanas de la catedral me hicieron caer en la cuenta de que mi reloj atrasaba. Iba a llegar tarde a la cita, así que apresuré el paso.
El pasaje donde estaba ubicado el anticuario no quedaba lejos, pero sospechaba que no era el único postor y no quería que nadie se me adelantase.
Por fin llegué hasta la entrada del local y un anciano, abrió la puerta.

La noche anterior, un correo electrónico llegó al buzón de mi ordenador, que me dejó boquiabierto.
La tienda de antigüedades donde solía zambullirme en busca de libros y grabados, ponía a subasta una valiosa pieza a la que llamaban “Grial”. No había imágenes ni descripciones de su tamaño u origen. Solo la pomposa palabra y una cifra incógnita. Diez signos de interrogación seguidos, formando una secuencia.

?????????? euros

Para mí, era una clave indescifrable, pero estaba seguro de que no podía ser el precio en que se valoraba la pieza. Aquello tenía más pinta de acertijo que de una subasta clásica.
Sentados en un acogedor saloncito, el propietario de la tienda, me ofreció un té con pastas y me explicó que el “Grial” estaba dentro del pequeño arcón que había depositado en la mesa, junto a las galletas.
Quise abrirlo, pero me palmeó la mano e insistió en que hiciera una oferta antes de ver lo que contenía la caja.
¿Qué podía ofrecer al anciano?, Adjudicar números a las diez cifras ocultas era una locura, pero seguí adelante.

- Lo que hay ahí dentro, no vale nada- Dije, intentando aparentar aplomo.

Empujó la arqueta, acercándola a mí.

- Eso depende exclusivamente de ti. Es tu Grial.

¡Había dado con la respuesta correcta! Él Grial era mío. La abrí con premura y en el fondo, hallé un espejo.